GRACIA ADMIRABLE

publicado en: Sergio Aquino, Uncategorized | 0
A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche Isaías 55:1

La esencia de la gratuidad no es algo que se encuentre en los códigos genéticos del ser humano. Desde siempre el hombre ha mantenido aquella actividad de transacción de bienes y servicios, creando sistemas de trueques, permutas y unidades de moneda que conformaron lo hasta hoy conocido como dinero. La compra y venta, siempre ha sido el sello de una sociedad comercializadora y con fines de lucro. Nadie podría imaginarse la adquisición de bienes o servicios sin la respectiva cancelación de algún precio asociado. Que un supermercado distribuya sus productos de manera gratuita es un sueño absurdo e imposible.

En un plano puramente secular, vemos con absoluta nitidez esta tónica de la carencia y pérdida de la gratuidad. En el sistema económico actual que impera en todo el mundo, todo se vende; por ejemplo aquellos derechos básicos como el agua, la educación o la salud, que deberían ser parte del privilegio gratuito de todo ciudadano, son bienes vendibles y con vergonzosos fines de lucro en donde se usa y abusa con descaro en desmedro del pueblo. Una educación que regula su calidad según su precio o una salud que muestra su eficacia y condiciona su eficiencia según su costo, son las muestras mas claras de la pérdida de la gratuidad cuya palabra se ha extinguido de la raza humana.

Por tal razón, el texto que encabeza este mensaje, raya el límite de lo absurdo a juzgar según nuestro corazón entenebrecido por causa del pecado. El concebir a Dios que gratifica a quien no tiene como comprar sus favores, aquel Padre que envió a su unigénito hijo para pagar el precio de nuestro rescate a fin de darnos gratuita salvación, es la antítesis de todas las religiones, sectas y herejías que han llenado los anales de la historia de la humanidad.

Desde pequeños nos han bombardeado con aquel “dios” lejano, tirano y severo que bendice a aquellos que hacen méritos para alcanzar misericordia mediante sus buenas obras. En otras palabras, ese “dios” es un comerciante que vende su perdón o favores a cambio de obras o donativos humanos cual trueque de antaño. Es el “dios” que no conoce la gratuidad y que su benevolencia es a cambio de algo. Por cierto, que ese “dios” no es el Dios de la biblia.

Como vemos en todas las religiones, el hombre siempre tiende a querer comprar el favor divino. Debemos aceptar que la práctica central de todo el paganismo y de todo sectarismo anti-bíblico, se concentra en la búsqueda de los favores de sus “dioses”, merced a las buenas obras y buenas acciones. Por el contrario, el Dios de las Escrituras favorece de manera gratuita a aquel que no merece nada, con nada más y nada menos que su gracia admirable.

Pr Sergio Aquino

Compartir en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *