La envidia

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Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles. 1 Samuel 18:7
Este pasaje de las sagradas escrituras anuncia el inicio de una larga carrera de persecución de Saúl en contra de David. La causa es la misma que se ve nítidamente en la historia de la humanidad y que muchas veces culmina como una fría mortaja sobre el rostro del hombre. Es el pecado de la envidia que llenó el corazón de Saúl, transformándolo en un acérrimo enemigo de David; aquel muchacho que fue escogido y usado por Dios para derrotar al temible gigante Goliat y para reivindicar los escuadrones de Israel.
Fue tanto el impacto de la victoria de David sobre el gigante, que el pueblo y las mujeres cantaban y danzaban profiriendo de gran manera tal hazaña. Aquello no agradó a Saúl y terminó abriendo su corazón a la envidia que acabó por destruirlo.

Sin dudas que el tema de la envidia es muy serio y es oportuno tratarlo con frecuencia. Grandes conflictos de relaciones humanas manan desde el manantial de la envidia.

La biblia cataloga a la envidia como pecado y como tal, el tema lo debemos abordar con altura y asumiendo que nuestra pecaminosa naturaleza tiene este germen que se puede desarrollar en cualquier momento y llenar todos los rincones de nuestro corazón. Es menester, acudir inmediatamente a las pies de Cristo, ante el más mínimo asomo de las aristas de la envidia, ya que si no se corta a tiempo, terminará por llenarlo todo y contaminará inclusive a otros.

La envidia no solo destruye al envidioso, sino que daña profundamente al envidiado. En el ejemplo citado arriba, vemos a un Saúl lleno de envidia que pasó gran parte de sus días odiando y persiguiendo a David, el envidiado. El envidioso ataca, difama y enfatiza los errores y debilidades del envidiado a fin de desacreditarlo. De esa manera, el envidioso logra aplacar parcialmente aquel escozor que le fastidia y le daña desde sus propias entrañas.
La Biblia dice:

El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. Proverbios 14:30

Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? Proverbios 27:4

En ambos textos, la descripción de la envidia revela la crueldad y la potencia de tal pecado. Primeramente se presenta como carcoma de los huesos, lo que nos hace pensar del progresivo daño que la envidia produce desde una condición mínima inicial hasta un extremo fatal. Es como la faena lenta y sigilosa de las carcomas que perforan la madera hasta el punto de derribar la construcción. La envidia carcome, destruye y derriba lo que tomo tiempo en construir.

Por otra parte, la Palabra de Dios presenta a la envidia en un sentido superlativo. Sobre la ira o el furor, se sobrepone la envidia, es más, la retórica de Salomón precisa: ¿quién podrá sostenerse ante la envidia? Es como una tormenta de gran magnitud que arranca de raíz a los árboles y a cuanto obstáculo se ponga a su paso. La envidia no perdona, se ensimisma y contamina sin misericordia.

La biblia se encarga de confirmarnos que nuestro corazón es un continuo productor de envidia, por lo tanto, es imperiosa la necesidad de observarla cual centinela mira en las rejas al prisionero que desde allí no debe salir.

Andemos como de día… no en contiendas y envidia. Romanos 13:13

Pr Sergio Aquino

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